20 de noviembre de 2017

Así empezó…

Luego de casi tres horas de viaje desde el colegio llegamos a nuestro destino (Tena, Cundinamarca).  El primer reto fue descargar los buses y aprender a hacerlo en equipo, de manera organizada y eficiente.

Ya divididas en grupo,  luego con las capitanas, recibieron sus elementos, su comida de la noche y las instrucciones para la caminata.

La caminata transcurrió a ritmo normal; en ella fortalecimos valores como cooperación, solidaridad y trabajo en equipo. Todas las niñas caminaron a diferentes ritmos y llegamos a destino al iniciar la noche.

Luego de haber conocido y arreglado el espacio en el que dormirían por equipos, las niñas comieron e hicieron la retroalimentación con sus grupos, respecto de los aprendizajes alcanzados durante la caminata.

Para terminar el día, trabajamos en una actividad que desarrolla habilidades comunicativas con todas las niñas del nivel. Finalizando todas las actividades previstas para el cierre, las niñas se fueron a dormir.

Tal vez la única novedad, sea estar en una montaña conversando con sus compañeras y disfrutando la armonía de la naturaleza…

Eran las 4:30 a.m. cuando se dio la.orden de levantarse y debido a algunos rezagos al momento de bañarse y vestirse, nos demoramos en empezar a armar las carpas pues debíamos dejarlas listas para la noche.

Terminada la labor y luego de asegurarnos de que todo quedara en perfecta limpieza, hicimos nuestra caminata hasta la Fundación. En esta segunda caminata pudimos mejorar la comunicación entre equipos y hacer los ajustes necesarios, gracias a lo aprendido en el día de ayer.

El trabajo de la mañana se vio recompensado con un delicioso desayuno que nos tenían listo en el comedor de la Fundación.

Llegó el momento en que Las Pachas se hicieron presentes y les ofrecieron a los niños, el detalle que ya habían preparado con anterioridad; eran dos almohadas que representan los sueños estos niños. Fuimos recibidos con afecto y gran amabilidad por parte de toda la comunidad.

Ya había dejado de llover cuando nos organizamos en tres grandes grupos para recorrer y conocer de primera mano todo lo que en este lugar se hace, tanto por los jóvenes que aquí viven y se forman, como por la economía de un país que necesita reconocer y respaldar la industria nacional, sobre todo si esta realiza una labor social.

Al almuerzo nos agasajaron con uno de los platos más típicos del lugar, el «chupao tenense». Este momento, aparte de permitirnos compartir como comunidad, también nos dio elementos para insistir en la importancia de valorar la comida, en lo nociva que resulta la indiferencia en todos los contextos, y la necesidad de ser parte del cambio efectivo.

Después del almuerzo hicimos la última rotación por las actividades que realiza la Fundación y conocimos todo el proceso de recolección, tostado, y molienda del café, así como su preparación al final de la cual, probamos la deliciosa bebida.

Vino luego un reto que no pudimos rechazar: un partido de fútbol, en el que Pachas hizo su mejor esfuerzo pero cayó 2-1 frente a las niñas de la Fundación. Alejandra Lora marcó el gol del descuento.

Terminado el encuentro, iniciamos nuestro regreso. La tercera caminata resultó más fluida, dinámica y compacta que las primeras lo que demuestra el avance del trabajo en equipo y la atención a las instrucciones dadas.

De nuevo en el campamento, las niñas reorganizan sus cosas en el nuevo equipo al que fueron asignadas después del almuerzo, toman su comida y hacen el cierre del día.

¿Qué podemos hacer distinto en nuestro diario quehacer?

En la noche, en medio de la oscuridad, hicimos el ejercicio de recordar el porqué y para qué habíamos llegado hasta aquí; qué nos había motivado a hacer este recorrido y qué podremos empezar a hacer distinto en nuestro diario quehacer. Recordamos que los líderes tienen una responsabilidad inaplazable e ineludible con su entorno, y que ese entorno que empieza en el propio ser, en la propia individualidad, se abre en círculos concéntricos hasta llegar a personas y espacios que no alcanzamos todavía a dimensionar, y en quienes podemos dejar una huella determinante.

Último día…

La mayoría de las niñas pudieron asumir el reto de hacer una última y exigente caminata hasta la laguna de Pedro Palo, para lo cual se pusieron en pie antes de las 3:00 am. Luego de recibir un primer refrigerio, iniciaron el ascenso por la misma ruta que llevaba al campamento inicial, en donde las esperaba otra porción de alimento que les diera la energía suficiente para el resto del camino. Sin embargo, las condiciones de la ruta no permitieron llegar hasta la laguna así que el grupo se quedó en “La Ballena”, una imponente roca que cada niña, por turno, escaló y en cuya cima recibió un presente del equipo Team Camp.

Finalmente, hacia las 10:00 am, estuvieron de regreso en la Fundación, en donde las esperaba un desayuno caliente que hiciera contrapeso a la llovizna y a la espesa neblina de la madrugada. Teníamos luego, el compromiso de dejar los alojamientos en las mismas condiciones de limpieza y orden con que nos los habían entregado, y estar listas a tiempo para iniciar nuestro regreso a Bogotá, en donde -sabíamos- un grupo de padres ansiosos y orgullosos, esperaban, emocionados a sus valientes hijas.

Rocío Cruz, Directora 7ºB.